Querido whatsapp

A más de uno lo voy a decepcionar con este texto. Me lo propusieron por redes sociales y aquí estoy. El “amor” en tiempos de whatsapp. Y sí, entre comillas está bien expresado.

Vivimos pegados a pantallas, creyendo que ahí habita la verdad, que las imágenes y las frases son ciertas. Vemos y leemos; y nos lo creemos.

La forma común de comunicarse es esta en la actualidad. Yo reniego mucho de esto, cada día más. Me comunico por mensajería instantánea como hacemos todos pero intento tener un control con ello, o al menos creer que tengo el control.

Por lo que el “amor” por el whatsapp no es lo mío… soy poco tolerante con esto, me produce pereza, me aburre y pronto desisto. ¡Oh mare mía, cómo puede ser! Lo es. No consigo conectar del todo, prefiero ver una sonrisa y mirar a los ojos, observar un gesto o escuchar una respiración. La información que se pierde a través de la pantalla es brutal. Veo letras y emoticonos, y a partir de ahí, me tengo que imaginar la actitud, la intención, el tono. Me desgasta. Me agota.

Pero formo parte de la masa, del borreguismo, y claro, he tenido mis experiencias con el flirteo por este servicio de mensajes. Ligoteo, tonteo o pajoteo como yo lo llamo.

Lo primero de todo es que a mí se me nota en la cara, miro el teléfono, sonrío, gesticulo. Pero claro, eso la otra parte no lo ve. Después decido si leerlo con tick azul, después si contestar o no, después qué contestar, después qué emoticono añadir, después pensar en la reacción de la otra persona, después pensar qué voy a poner en función de lo que conteste. Imagináis bien, lo vivo horriblemente. Ansiedad pura.

Por este motivo, si waseo mucho es que me importa poco el proceso. A veces prefiero el silencio de los días y una llamada al caer el sol. O un simple que tal, como va el día. Sin más pretensión. Para contestar cuando tenga un hueco y respire tranquila. Horas y horas y horas pegada al dibujito del teléfono verde, no. No me parece sano y no me parece real. Una conversación crucial a través de una pantalla da demasiado tiempo a pensar antes de expresarla. No es espontánea, es instantánea. Va bien cuando hay mucha distancia por medio pero incluir eso en una rutina lo considero insano. No se inventó para mi forma de ser ni para mi forma de pensar. Pero para gustos colores, días y ollas.

Resumiendo, que aunque whatsapp tiene engaños y trucos, lo utilizo y lo he utilizado para pajotear. Y me he encontrado perfiles de todo tipo…

Está quien te pregunta y le contestas. Lo lee. Y a la hora te lanza otra pregunta y le contestas. Lo lee. A la hora y media te vuelve a preguntar otra cosa. Y a la tercera yo ya no contesto.

También existe el paranoico que si tardas en contestar se vuelve loco. Y ya no quiere hablar de nada, solo quiere saber qué ha pasado para que tardes cinco horas en contestar. Pues que tengo vida. Eso pasa.

El que no se despide después de una hora, como para hacerse el guay. El guay mal educado, pienso yo.

O ese que te lee en modo avión para que no aparezca la confirmación de lectura y hacerse el interesante hasta que pasan dos días. Cuando ese va, yo he ido,  he vuelto y en el camino lo he cazado.

El truco de tener un chat contigo mismo y reenviarte ahí los audios para escucharlos, también lo hago.

De mis favoritos: el que hablas un día un rato y ya se tiene que hablar todos los días, y a todas las horas. Te cuenta qué come, qué ropa lleva, qué ha comprado en el Mercadona, que música va escuchando en el coche y qué ejercicios hace en el gimnasio. Todo eso acompañado de la foto del plato de comida, la foto en el espejo del baño, la foto del carro de comida, el audio del tema de su radio del coche y la foto del macuto del gimnasio. Os podéis reír, pero sé que esto le pasa a todo el mundo. Lo que no sé es si el resto del mundo lo analiza y se ríe del absurdo.

Otro es el que todo va bien, la conversación fluye, os entendéis genial pero nunca queda contigo. Una semana, otra semana, otra… un mes… y al final por el motivo que sea, todo queda ahí. Sin más. Lo que se llama perder el tiempo.

Seguro que existen más, pero no los recuerdo… alguno más coleccionaré. Al tiempo. Este juego es inevitable. Intentaré jugar más, ser menos directa y salvaje en mis mensajes. Porque estoy expresando mi punto de vista, pero habría que saber qué pensaron algunos de mí. No me dan pena porque soportaron mis mensajes cortantes, mis silencios y mis burradas menos de lo que merecían.

A los que me hacen sonreír con un mensaje inesperado, a los que me sorprenden con un audio, un video o una fotografía, a los que son auténticos, a los que escriben su verdad. Gracias, mil veces gracias.

No todo es negativo, hay conexiones bonitas también. Risas necesarias, placeres inconfesables. Un cosquilleo. Pero siempre, siempre, con un horizonte… el sentir, el mirar, el escuchar. El ser y el estar. Que no se pierda la importancia del presente y la presencia, fundamental para no habitar en una realidad paralela, precisa para no caer en la dependencia emocional, en la falsa confianza de pensar que conoces a quien le confiesas tus inquietudes.

La cobardía, la inseguridad, la apariencia, la trampa y el cartón… no son para mí, eso se lo dejo a mi querido whatsapp.

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