#ElNiñoDelGlobo

“Había una vez un niño que se encontró un globo, y ese globo tenía dueña, era yo… Pero decidí dejárselo un tiempo para saber si merecía tenerlo… No fue mucho tiempo, tan sólo el que él necesitó. Pasó los primeros días agradeciendo el regalo, disfrutando con él y compartiéndolo conmigo. A menudo peleábamos por él, nos decíamos cosas llenas de rabia y luego volvíamos a buscarnos y decirnos la verdad. El globo era mío o suyo, pero no podía ser de los dos.

Peleé por él, corría siempre para no perderlo, tenía miedo de que el viento se lo llevara a un lugar donde fuese inalcanzable y todo se esfumara; pero el Niño del Globo corría más que yo, era fuerte para avanzar y sus brazos me aventajaban. Me dejaba atrás una y otra vez, hasta que un día yo no tuve fuerzas para seguir detrás del globo, mirándole siempre la espalda al Niño, soportando su silencio y su mirada hacia otro lado sin importarle más que el globo que un día le presté. No me miraba a mí, ya sólo miraba mi préstamo.

En un momento de despiste el Niño del Globo soltó el globo, pero yo ya no lo cogí, algo me impidió hacerlo; me di cuenta de que yo no quería mi globo, estaba medio desinflado y estropeado, yo necesitaba la atención del Niño. Deseaba jugar con él y tener las manos libres y las piernas descansadas de correr; disfrutar y reír. Yo imaginaba cómo el Niño del Globo me pasearía de la mano para no perderme, me explicaría escalas con seis cuerdas, haría magia con ellas, crearía melodías nuestras, enrabiaría con mis bromas y me apretaría contra su pecho para no tener miedo. Pero eso era lo que él tenía y yo ignoraba: miedo. Aunque no fuera a mí ni a lo que yo le ofrecí, un simple globo.

Nunca se lo dije, pero lo miré cuando el globo ascendía hacia las nubes, esquivando hojas de árboles y lluvia ligera, y vi cómo el Niño estaba lleno de dudas y de inseguridad. Ni siquiera me vio allí ese día, pero estuve a su lado mirando al cielo sin mediar palabra; él estaba ciego y yo era invisible. Ese Niño aquel día no le dio importancia a perder mi tesoro prestado, no se percató que estaba allí mirándolo a él y no a mi globo. No pensó que me estaba doliendo más su ausencia que aquel trozo de plástico que bailaba a merced del aire. No pensó nada. Se quedó mirando cómo volaba y se iba haciendo pequeño hasta perderlo de vista. Agaché la cabeza y seguí caminando sola, sin él, sin excusa, sin ilusión, sin ganas, sin fuerzas. No había motivos para quedarse allí.

Desde entonces no lo he vuelto a ver, se fue a vencer su inseguridad y eliminar sus dudas, a buscar su futuro con constancia y talento, a tropezar con alguien que lo cuide sin globos pero como él desea, se marchó por otro camino que tampoco es fácil e hizo la maleta en un instante; -Ojalá seis cuerdas fueran suficientes en esa maleta-. Esta fue mi última plegaria mientras me secaba las lágrimas.”

-There is always hope-  Banksy

Gracias mil por leerme, es una manera de hacerme compañía.

A todas las personas que leían la historia a través del hastag #ElNiñoDelGlobo en twitter y me pidieron el final, a las que no lo hicieron, y a las que ignoraban su existencia; y por supuesto a él… por inspirarme, a veces, demasiado.

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Un comentario sobre “#ElNiñoDelGlobo

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  1. Un corazón en forma de globo
    tan ligero y volátil,
    un corazón de púrpura rojo
    tan sincero y tan frágil,
    no merece mirarse en un espejo roto,
    sólo merece reflejarse en otros ojos
    que sean de amor verdadero y loco.

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