Salvador “EL GATO”

A mi abuelo materno, en el vigésimo aniversario de su partida.

Salvador “El Gato” siempre fue un hombre peculiar, no le gusto llamar la atención pero lo hacia a menudo porque era un ser especial y entrañable. No fue vividor, pero es la profesión que yo siempre le he dado, porque le hubiese gustado serlo. De toda la vida, fue un vividor que vivió la vida, envuelto en tabaco, sardinas y gambas. Como buen gato que se precie.

Era mi abuelo, a pesar de que se fue hace muchos años aun recuerdo miles de cosas y detalles de su ser. Su brazo apoyado en la ventanilla bajada de su coche, sus manos oscuras, su talante en traje de chaqueta y corbata casi a diario. Coqueto y perfumado. Como buen gato que se precie.

Saboreaba la vida como si cualquier día fuese el ultimo, y por eso se fue en paz. Devoró el sabor de la vida a cada minuto, envuelto en bromas y risas ajenas. Rodeado siempre de su gente, buena gente, buenos gatos donde se precien.

Él era el rey de su tejado, del tejado de todos los gatos, que es la estirpe de mi madre. Toda la vida dándose caprichos a él y a los demás. Toda la vida brindando por todos, y primero por el y después por todos sus compañeros, como buen felino.

Recuerdo bromas que ahora entiendo, con quienes le conocían, bien rodeado siempre de cómplices y testigos que hoy lo recuerdan mas que yo, porque al final siempre es lo que te queda, la raspa de la sardina que se comió un buen gato.

Viajes, ciudades bonitas, toros, zapatos de charol, vestidos de puntillas y uñas afiladas… a sus crías nunca les faltó de nada, ni un mimo, ni un capricho, ni un pellizco de pescado fresco. Gatos al fin y al cabo.

Mi abuelo siempre será un gato, recordado en todos los tejados de mi tierra y la que nos rodea. Qué feliz estaría viéndonos sonreír en familia, algo que nos enseñó, era su manera de vivir. Era un vividor, siempre en los tejados esperando la ultima carta de naipes que quemar, el ultimo céntimo que gastar; y el único amanecer que no fue suyo fue cuando se cayó del tejado para bajar a la tierra por siempre jamás.

Pero nunca antes descendió, y por supuesto no se tiró, lo suyo eran las alturas, donde nosotros permanecemos ahora, por él y por todos los gatos.

Como buen gato que se precie, sardinas y amanecer. Hasta que el sol se ponga estaremos maullando. Hasta que nos caigamos del tejado estarás con nosotros, ahora y siempre, Salvador “El Gato”, el gato que tuvo más de siete vidas.

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