Diagnóstico: Fobia a las seguidillas gitanas

Se conocían primitivamente como playeras, como seguidillas gitanas para diferenciarse de las castellanas, en los círculos flamencos también las llaman seguiriyas o siguiriyas. En cualquier caso, este cante y yo tenemos una relación bastante indiferente. Nunca se lo he contado a nadie pero es así. Para este texto he elegido la denominación de “seguidillas gitanas” por consenso de los amigos aficionados, uno de los nombres que se le dieron hace un par de siglos.

Es uno de los cantes más antiguos, con mucha historia, con cunas en Cádiz y sus puertos, Jerez y Triana. Sus temas son siempre oscuros, trágicos, desgraciados; no se cantan seguidillas gitanas en una romería ni en una fiesta, si en una reunión, que no es lo mismo. También está presente en la mayoría de los repertorios de los artistas en la actualidad, es un cante trabajoso, igual que su baile, que su toque. Pesa, pesa mucho, es de valentía levantar un cante como las seguidillas gitanas, a menudo se observa a los cantaores pelear con ella, amasarla, darle forma. No sé porqué yo tengo una relación de enemistad con este cante.

En las seguidillas hay muchos estilos, tan bellos como tristes que se escuchan desde finales del siglo XVIII. Sus principales artífices han sido Curro Durse, Francisco la Perla, el Viejo la Isla, Tomás “El Nitri” o Manolo Vargas por la parte de Cádiz y los Puertos. En Jerez es uno de los estandartes de cantes flamencos, junto a las bulerías o las soleares por bulerías; cantaores como Manuel Molina, Diego “El Marrurro”, Paco La Luz o Joaquín Lacherna. Y ya en la provincia sevillana, Triana estiliza este cante ligando versos y monotonizando los altibajos como se recuerda en los cantes del Cagancho o de Frasco el Colorao. Si vamos hacia adelante en el tiempo podemos disfrutar de las seguidillas gitanas con Tomás Pavón, su hermana Pastora Pavón, Antonio Chacón, Manolo Caracol, Pepe Torres o Antonio Mairena.

Yo tengo un problema con las seguidillas gitanas y cada día que pasa soy más consciente. No puedo escucharlas. No lo soporto. Es así. Dicen que algunos flamencos tienen ciertas manías y rarezas, podría justificarlo de esta manera, pero no es la intención. Los audios por seguidillas gitanas me causan agonía, soy incapaz de centrarme en el cante y escucharlo con atención. Solo si me despiertan algo especial, que me suele pasar en el uno por ciento de los casos, y la escucho una vez. Nunca encontrareis unas seguidillas gitanas en una lista de reproducción mía, ni en un disco para el coche, ni en los cantes que suelo llevar en el móvil para escuchar en el tren. Jamás. Ojo: solo me ocurre con el formato audio. Si se acompañan de imagen soy más tolerante, puedo visualizar vídeos de seguidillas y verlos atentamente, analizar, disfrutar, escuchar el toque sin ganas de quitar la reproducción aunque depende de los protagonistas. Otra cosa que me ocurre es que soy incapaz de memorizar letras por seguidillas, si ahora mismo me paro a pensar solo podría recordar cinco tercios a lo sumo, y yo soy de las que tiene una memoria privilegiada para muchos detalles y letras flamencas, pero este cante me rehuye.

Cuando más receptiva soy a este cante es al verlo en directo, ahí si, incluso cuando anuncian que van hacer un cante por seguidillas gitanas pienso para mí “genial, vamos a escuchar. Ole el cante bueno”. Y como si fuesen soleares, tonás, malagueñas, alegrías, fandangos o tientos, me parece estupendo y me encanta ver lo que el cantaor transmite, lo que me está diciendo y guardar esos momentos que algunas veces son tan mágicos para mi. Pero en otro formato que no sea el directo siento auténtica fobia.

No sé si ella me tiene manía a mi o yo a ella, el caso es que yo la tengo muy en consideración siempre. Me gusta ese cante que no solo se canta, que se dice, que te tiene que remover algo por dentro, que te está pellizcando, que duele en el aire; un temple por seguidillas gitanas puede ser majestuoso, un cambio de Manuel Molina, las ovejitas de Tomás “El Nitri”, el reniego de Tomás Pavón… Me gusta, pero sino lo tengo a unos metros no puedo remediar intentar evitarlo.

Lapidadme, pero es así, me resulta hasta incómodo. Muchas veces es el cante que grabo de un recital, para verlo después y auto-concienciarme de que no muerde, ni pasa nada, que cuando lo viví me entusiasmé y voy persiguiendo esa misma sensación que por desgracia, nunca llega.

Esta es mi confesión, me apetecía contarla desde hace más de un mes por causas que no convienen recordar. Me gustaría saber si a algún aficionado le ocurre, con este cante o con otro; por simple curiosidad.

Por supuesto que en esta entrada no voy a poner un audio ni un vídeo, eso os lo dejo a vosotros. Igual me curo pronto. Os dejo una letra, para que tengáis piedad, de mis favoritas:

“Pa cuando yo me muera
te voy a dar un encargo
que con las trenzas
de tu pelito negro
me amarren las manos”

Nos vemos, pronto o tarde. Allí o aquí. Cualquier lugar es bueno para fabricar una galaxia flamenca.

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Un comentario sobre “Diagnóstico: Fobia a las seguidillas gitanas

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  1. Te lo diré “enseguidilla”: lo mejor de tu “seguidifobia” es tu sinceridad. Lo demás es subjetivo, por tanto, discutible, pero cuando uno suelta los arcanos interiores, la verdad resplandece, se abre camino y te hace rotundamente honesta. Quizá con el tiempo terminen gustándote (lo dudo); por lo general se ama más visceral y se elije rápido, aunque a veces (las menos) el tiempo activa la espoleta. A mí me encantan las seguiriyas (y me gusta mucho más la voz seguiriya), pero no pienso evangelizarte, ni siquiera en lo último. No moveré ni un músculo de argumentos, para así contemplarte tal como eres. Es como tratar de hacer que ames a una persona concreta, escogida por alguien que no seas tú. Inútil e improcedente. Que cada cual elija y tenga la franqueza de expresarse así de valiente y en sitio y lupa de “picaos”, que algunos interpretarán sacrílego tu texto. Una sola objeción “las causas que no conviene recordar” son las más interesantes para uno de tus lectores. ¡Yo! Un abrazo.

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