Gitanismo y payofilia

Estamos en pleno verano, temporada alta de flamenco. Festivales que se despiertan cuando baja el sol, las redes sociales son hervideros de carteles, los recintos se llenan de público y afición. Para mí, está siendo un verano pegajoso. Sin originalidad, sin sorpresa. Como el calor del sur… predecible en esta época.

El flamenco a veces es como una playa… una imagen paradisíaca, sin embargo, cuando te decides a entrar en el mar te alertan: ten cuidado, hay corrientes, no te confíes.

Cierto, está lleno de corrientes a diferentes alturas, unas más superficiales que otras. Hay una corriente silenciada que se respira y se palpa, pero de la que pocos hablan y escriben: el gitanismo y la payofilia.

Lo siento, mi cabeza a veces hace clic.

Gitanismo: la importancia de la raza

El gitanismo es una corriente general y muy extendida que vivimos y respiramos desde diferentes vertientes. Voy a comenzar por los artistas no gitanos pero que quieren serlo. Actúan, hablan y opinan como tal. Buscan en su árbol genealógico algún resquicio gitano, o justifican su identidad alegando que por convivencia han absorbido sus tradiciones y costumbres. Intentan que se les etiquete como gitanos, quieren jugar en ese bando y solo idolatran a artistas gitanos, defendiendo la pureza gitana o utilizando vocablos calés. Este movimiento que yo bautizo como gitanismo tiene un objetivo social, pero sobre todo profesional:

Ser gitano en el flamenco es un plus artístico

A pesar de lo que muchos piensan, no es tan fácil encontrar a un artista con los ocho apellidos gitanos. Por lo que la mayoría de artistas que no los tienen, aprovechan exclusivamente su porcentaje de sangre gitana, como rasgo de superioridad moral étnica. Es curioso como siempre olvidan mencionar, mucho menos exaltar, su ascendencia no gitana. Si este dato no importara y no le añadiera un valor artístico a su identidad no presumirían de él, pero parece que resaltar esta carga genética revaloriza más su carrera o propósito.

El otro lado del gitanismo implica menos agresividad. Es una valoración que nace a partir de los gustos y las preferencias, subjetiva y sin ningún interés social, económico o profesional. Hay aficionados que en su tendencia prima el cante gitano: tipo de voz, sonido, intuición rítmica, vocalización, forma cantaora, etc… Una estética definida con unas características concretas que coinciden con el modo de interpretar, sobre todo el cante, donde el artista no tiene porque ser gitano. Este matiz es importante: el cante gitano es una cosa y el artista gitano es otra. Unas veces coinciden y otras no.

Payofilia: el antagonismo del gitanismo

En el otro extremo, la payofilia, corriente que se defiende del gitanismo y de la imposición de lo gitano por encima del resto. Los payófilos comparten un patrón victimista. Así como el gitanismo se victimiza por ser una minoría maltratada, asesinada y perseguida en la historia, el payófilo se victimiza alegando que en el flamenco se valoran más a los gitanos que a los demás. Diría algo que a veces pasa desapercibido en esta cuestión: esta postura elogia a la honestidad. Invoca a la memoria y a la honra reivindicando que no todo resquicio gitano tiene que cotizarse más que otro.

Y volvemos a empezar: reivindicación de artistas no gitanos, exaltación de la universalidad del flamenco, hitos logrados o aportaciones realizadas por personas no gitanas. La rueda sigue girando, y aunque se crean alejados los unos de los otros, la corriente avanza hacia la misma dirección.

No importa lo que seas, sino lo que haces

Ambas aprovechan cualquier pretexto para su propio interés, doctrina, idea. Como si hubiera que barrer para la casa a la mínima oportunidad. A mí me parece algo muy sórdido, mezquino y sucio.

En un arte, que como todos, cuenta con muchos matices, generalizan de una forma incomprensible y extravagante. El flamenco pierde valor con este tipo de posiciones, porque no lo hacen por su cuenta y riesgo; sino que, dañan, arrastran y arrollan. El buen cante se lo lleva la marea, y en la superficie queda una lucha absurda de identidades y autenticidad.

 Qué difícil es gestionar los complejos. Es lo que a mí me parece.

Los complejos son un conjunto de ideas preconcebidas que tenemos acerca de nuestras imperfecciones (reales o no) y sobre todo de cómo son percibidas socialmente. La carga emocional de los complejos es negativa, lógicamente, y está relacionada con la autoestima. A partir de ahí cada persona crea un sistema para ocultar y disfrazar sus complejos, sistema muy alejado de una solución y que en ocasiones merma unas habilidades que nunca llegan a salir a la luz.

La vida está llena de personas con inseguridades y el flamenco no iba a ser menos.

Acepten lo que son y como son. No hay mejores ni peores. Hay mucho mediocre luchando por aparentar algo que no es. Que no es. Repito: que no es.

Evidencian su incapacidad intelectual, crean desconfianza. Aleja. Me pregunto si esto lo perciben. Tal vez no.

Hagamos un ejercicio de honestidad interno: revisemos nuestro criterio y exijamos más verdad.

El flamenco a veces transmite emociones sublimes y otras, vulgaridad.

Esta es la reflexión de la Flamencólica en este verano de calor cruel, quizá puedan seguir mirando hacia otro lado, el lado de los jurdeles, de la pasaica por la espalda y compadreo de la foto. Yo voy a buscar  la sombra.

Feliz verano a todos.


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2 comentarios sobre “Gitanismo y payofilia

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