La exportación del baile flamenco

A esos valientes invisibles, gracias por dejarme soñar.

Estoy pasando por una época excesivamente flamenca pero no veo el momento de desconectar, sino todo lo contrario. Tengo miles de cosas pendientes que escuchar, leer y escribir. Es un compás por alegrías, con zalamería incluida; aunque si que estoy reseteando algunos conceptos. Hoy me asomo aquí con baile flamenco y algo de lo que quería escribir desde hace tiempo y he estado masticando.

Cada día veo más baile disfrazado, es como todo muy visual pero muy pobre de contenido. Y vende como lo que más, dentro y fuera. Pero ciñéndome a mis coordenadas ibéricas, dentro se vende siempre lo mismo sobre todo en las épocas estivales que son las que más festivales y eventos flamencos aúnan. Igual alguien sabe decirme qué ocurre.

Tengo una lista de artistas del baile bastante extensa que casi nunca encuentro en las programaciones (salvo en Bienal de Sevilla o en el Festival de Jerez y amigos) y que yo considero que bailan flamenco; y no solo bailan, sino que se arriesgan, que son versátiles, vanguardistas de la tradición, frescos. Artistas con Premios Max, Premios en el Festival de Jerez, Premios Nacionales de Danza, Giraldillos o Desplantes. Sus currículums podrían ser la envidia de muchos, sobre todo de la sota, el caballo y el rey de siempre. Algunos de ellos llevan la etiqueta de “joven promesa” con más de 15 años bailando y por supuesto en nuestro país, fuera del código flamenco nadie los conocería. En el exterior igual si, ya que llevan sus espectáculos por países como Alemania, Rusia, Austria, Italia, Reino Unido o los lejanos Israel, Colombia, Estados Unidos, Australia, Japón o Singapur ocupando con sus espectáculos toda clase de festivales internacionales y otros eventos. Esto cómo se explica.

Ejemplos como Rafael Estévez, Manuel Liñán, Olga Pericet, Marco Flores, Rocío Molina, Daniel Doña, Fuensanta “La Moneta”“El Choro” o Jesús Carmona son exportadores de nuestro arte, los mejores; no ellos con nombre y apellidos, hay muchos más, y cada uno ha llegado con unas circunstancias diferentes, un camino distinto y una forma de entender esto que es la danza y que en este país es un riesgo. Forman parte de la élite, son la principal bandera flamenca fuera de nuestras fronteras agotando entradas con giras a ritmos imposibles y cursos de por medio. Con maneras muy flamencas y cada uno con sus cualidades, pasan de la tradición a la renovación sin dejarse una pizca de jondura en la vereda. Invierten su vida en nuestra cultura, se comprometen, se ayudan y nos aportan, además del contenido de su baile, valentía. Pero pasan temporadas y temporadas de programaciones por espacios españoles y ni se les huele. Excepto para un puñado de soñadores y locos, son anónimos. Unos compañeros inconformistas invisibles.

No están vacíos, su baile posee sustancia, tiene una historia y un esfuerzo… se rebuscan, se miran por dentro y comienzan a sacar; a sudar su identidad, a encontrar su impronta, a forjar una base de movimiento constante lleno de esencia que nunca termina y lo ofrecen. No los vemos porque no invierten en su arte, no creen en sus propuestas o no ven como trabajan. Quién sabe por qué esto es así, no tengo ni idea, pero existen. Benditos sean.

Intuyo que mastican, como mastico yo. Que esos cuerpos se alimentan de llenar lugares que nos quedan a miles de kilómetros, imagino que se levantan por las mañanas y escuchan el sonido de los aplausos de la noche anterior; su recompensa quizá sea el respeto y la admiración, ese “ha merecido la pena” que les corre por dentro cuando cierran los ojos y se apaga el cenital.

Escupirán como lo hago yo muchas veces. Cuando mi familia francesa va a ver a Rocío Molina y flipan, escupo. Cuando veo a Marco Flores quejándose de lo poco que se invierte en nuestra cultura, escupo. Cuando Olga Pericet es la joven promesa, escupo. Cuando “El Choro” baila en Nuevo México con un teatro abarrotado, escupo.

Pero hoy he dicho que estaba masticando. Lo que pasa es que se me ha hecho bola.
Disculpen los escupitajos y mi admiración por todos ellos.

Nos vemos en el trasiego, buen viaje estival. 

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4 comentarios sobre “La exportación del baile flamenco

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  1. Precioso tu comentario. Ellos llegan a los puntos más diversos del mundo, los podemos disfrutar, aprender, y prender a nuestros corazones, saberes y retinas. Doy fe, soy argentina y vivo en la ciudad de Rosario. Gracias por tu mirada…

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  2. Desde Holanda te puedo confirmar lo que escribes. Aquí vienen artistas del tamaño de Israel Galván, Rocío Molina y el Choro y los demás que nombras, porque los programadores de los teatros saben que van a llenar el aforo con la gran calidad que traen. Y estos artistas acaban a constatar que el extranjero estima más al flamenco que su propio país. Quizás es que aquí ignoramos el origen humilde de este gran arte y no le tenemos prejuícios. No sé.

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