Qué grande eres, Félix

Nunca imaginé que me diría nada. Ni bueno ni malo, ni efímero ni necesario. Él miraba, observaba y se comía sus palabras, y sus ideas las reideaba… Yo permanecía sentada, preparada para entrar en la sala, nerviosa. No podía más, me levanté y empecé a darle vueltas a esa enorme habitación, la espera eterna, su presencia cargaba el ambiente aun mas de nervios… esa habitación de pareces altas y enormes tapices en sus paredes tenía muchos rincones en los que detenerse. No pensé que él me miraba con la misma curiosidad con la que yo miraba esos tapices. Se acercó y me puso la mano en el hombro, me giré, no dije nada, no tenía palabras.

-Estoy realmente sorprendido de ver a una niña tan joven en un sitio como este.

Me quedé muda. Mas o menos le pude explicar mi afición, mis bailes, mis pasiones, mi familia… él escuchaba, como si no tuviera prisa de nada… y estaba apunto de dar una conferencia de literatura. Yo lo miraba y él me miraba. Podría haber sido mi padre. Le avisaron, entró a la sala, yo detrás, me senté por el centro. Y empezó la conferencia diciendo:

-Yo tenía una amante en mis tiempos de mozo, era de Murcia, y follábamos como monos.

Fue una tarde afrodisíaca de flamenco, literatura y vivencias, desde la palabra sabia y el corazón abierto de un GRANDE. Félix Grande. Una persona apasionada que me sorprendió una tarde en el casino de Murcia con su profundidad.

 

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