El último impulso del año

Quería terminar el año en mi blog hablando de esto, porque todo el que me conoce sabe que soy una persona impulsiva, que habla mucho pero se calla lo más importante. A veces quiero decir tantas cosas en pocas palabras que lo hago mal, y para hacerlo bien prescindo del filtro y me asalvajo. Me encanta la impulsividad, los arrebatos, el mirar atrás y echar a correr hacia aquello que se va, el beso inesperado y el sonido de una colleja bien plantada. Adoro estas cosas porque me parecen más auténticas que un comportamiento premeditado.

Digo esto, porque hace tres años y medio un impulso cambió muchas cosas. Es eso que nunca te explicas. Realmente a mi me costó entenderlo, asumirlo y aprender a vivir con ello. Organicé un cumpleaños sorpresa un 13 de Mayo, porque era la excusa perfecta para reunir a los amigos antes del verano y celebrar los 28 de la Ajo aunque la Chabe estaba lejos y la pusimos en la tarta. Estábamos todos los que podíamos estar, el evento transcurría con normalidad… Y pasó. Nadie sabe como, si se mandaron mensajes telepáticos o un whatsapp, pero ocurrió. Cuando la fiesta terminó yo estaba con mi flecha roja arrancada para irnos esperando a Oli, miré hacia atrás y Geoffrey había acaparado su mágica sonrisa y la besaba una y otra vez.

Después de eso, se subió en el coche y silencio. Risas con silencio. Sin más. Tardé en asimilar que aquello que se fue forjando en poco tiempo nos traería momentos tan inolvidables. Dudé de aquel amor durante el primer año, hasta que ella me dijo que Geoffrey le sacaba libros de la biblioteca porque no se podían permitir comprarlos, la abrazaba por las noches y era la persona más feliz del mundo con eso. Me lo decía con los ojos rasos de agua en la calle Navas de Granada, la creí mientras yo también lloraba; creo que lo que todos los amigos le podríamos desear a Oli es que fuera feliz. Lo era; y aunque a Geoffrey siempre lo he querido por amistad, a partir de ese momento lo querría mucho más, porque sin duda, ella sabe sacar lo mejor de él y él sabe sacar lo mejor de ella. Para lo peor estamos otras.

Así hasta este mes, que nos fuimos de boda. No puedo explicar la cara de mis amigos ese día, ni el día de antes, ni en el viaje que hicimos juntos de despedida; todos estábamos locos porque ellos se habían encontrado por un simple impulso en aquel cumpleaños. Habíamos sido testigos de lo que es el principio de una historia infinita. Sonaba “Bailando con lobos” cuando ella entró en la iglesia guiñándole el ojo a ese colega que tantos años había tenido delante y con el que tanto había compartido sin imaginar que se vestiría de blanco para él. Y él… no pude verlo, pero me lo imagino mirándola como siempre la mira, con admiración, con amor y con incredulidad. Lleva tres años sin creérselo.

Todo es imposible contarlo porque cada uno de nosotros tiene una boda en su cabeza y somos casi cuarenta, pero hubo un momento que también lo creó el impulso: sonó la canción que mantienen unidos a Geoffrey y al señor Mas; cada uno de nosotros se levantó de su mesa y corrimos a arroparlos, a cantar, a bailar y a celebrar la amistad.

Impulsos al fin y al cabo que marcan nuestras vidas. Después un brindis marcado por el código que nos tiene hermanados y discurso del Abuelo, del de todos nosotros. No tengo la capacidad de expresarlo. Nos volvimos a sentar en las mesas, calmados. Miré a mi Chiquitín y estaba exhausto sin entender que nos había pasado, supe que yo nunca iba a vivir lo que estaba respirando, poco me importa.

Ese momento en el que le pegas un trago a la copa y recuperas aliento entendí que en algún momento de nuestras vidas todos nosotros nos habíamos casado también. Quizá fue en el campo del Virutas, en un Cabezamiento, una Ramería, un día de la Virgen en Terreros, un Explum, una Nochevieja, en Granada, en un Campo de Tiro, en la Fiesta de la Escayola… vaya usted a saber… llevamos más de la mitad de nuestras vidas juntos. Nos hemos visto los culos, las tetas y hemos marraneado. Sin exagerar, y que no acabe. También tenemos separaciones y divorcios, pero aunque pasan los años y cambian las circunstancias personales de cada uno seguimos cerca.
Nos amamos, nos respetamos, nos cuidamos y creo que permaneceremos unidos hasta el final, en lo bueno y en lo malo.

Si esto no es un matrimonio, que me lo expliquen.

Larga vida.

Gracias a los que me hacen creer en los impulsos. 
Hasta el año que viene.

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