"PAJOTEO": Arte y Conocimiento

Esta entrada para el blog surgió en la primavera, aquella época lejana en la cual podías tomar café en una terraza a las 4 de la tarde sin deshidratarte. Y allí estábamos, Princesa Ana, Vic Torino y yo, arreglando al mundo y sus habitantes con un café con hielo, tan frescas.

La palabra “pajoteo” surge en las tierras almerienses,
donde Princesa Ana y Vic Torino han habitado, habitan o quisieran habitar; y yo soy de las que adopto las palabrejas ajenas y me encanta utilizar. “Pajoteo”, es que suena bien, suena genial, pero luego no es para tanto. Definamos el concepto:

-Pajoteo: arte del flirteo, del coqueteo, del tonteo o del ligoteo. Todas estas palabras las recoje la RAE pero “Pajoteo” no. Y en todas las definiciones legales se describe como “juego amoroso que no se formaliza ni llega a compromiso”. Pues eso. He aquí una pista de nuestra soltería.

Las mujeres no saben pasear el arte del “pajoteo”, eso que quede claro, pero sabemos detectar a un “pajoteador” en potencia. Nato. De casta, raza y por ley. El “pajoteador” no es el típico tonto de discoteca que se te acerca, no es el aburrido de la fiesta, no es el que te mira y se queda quieto. No. Esos son los tristes que habitan este mundo, que hay, y muchos.

El “pajoteador” se te acerca, nunca sabrás como lo ha hecho pero llega a ti, aunque se tenga que cruzar el Atlántico, lo hace, y llega donde estás. Y te pondrá la excusa más extraña, la broma más original, y la mejor de sus sonrisas… y allí estas tu, “pajoteando”. Por norma, te das cuenta de quien es, el muchacho siempre sabe tocar las palmas, es la gracia natural de este tipo de especie, toca las palmas, y con suerte las redobla, que eso es lo máximo, pero los que redoblan fracasan siempre. Cuidado con esto. Que solo las toquen, que para redoblar ya estamos nosotras.

Te hace gracia, te gusta que te haga gracia, y lo miras mientras hablas y observas todos sus gestos con atención: lo que bebe, lo que hace con los brazos, los gestos faciales, que número de pie usa, si no se droga mejor, si la camiseta que lleva te quedaría bien puesta un domingo por la mañana, si es más de perro o de gato, si es de cucurucho o granizado, si slip o boxer, si asiento de alante o de atrás, si gomina, espuma o cera… Aunque realmente todo te da lo mismo, porque un “pajoteador” siempre parece perfecto, es perfecto.

Nunca puedes decirle que no a uno de ellos, nunca te irás de rositas, nunca le cortarás una conversación y le darás la espalda. Nunca. Por uno que te encuentras cada 500 noches, a lo Sabina, no puedes hacerle eso.

Volviendo a mis acompañantes de café, Princesa Ana y Vic Torino, ellas no suelen guardar “pajoteadores” en su teléfono ni en las redes sociales. Se ríen, y quedó ahí. Entonces llega la bronca… ¿Y por qué te sigues hablando con este? ¿Y para qué quieres saber del otro? Es necesario, siempre se tiene que tener a alguien que te toque las palmas, para cuando te haga falta reír o quieras tirar un rato a la basura. No se “autopajotea” se “pajotea” siempre con alguien, y tener un alguien para eso es muy recurrido en horas bajas.

Mientras ellas siguen mirándose las puntas del pelo y poniéndome los pelos de punta me siguen acusando. ¿Yo? ¿Es a mí? No es culpa mía, señoritas, hay que conservar a dos o tres, aunque solo sea por salud. No soy muy de conservar esta especie, soy más de excepciones; hay que ser práctica con los hombres. Y como dice la Princesa Ana, “amigos ya tenemos bastantes, no queremos más”. Así que, para mí, o estás en el saco de las excepciones o en el de los “pajoteadores”. Ambos sacos te inundarán de grandes momentos que siempre querrás recordar, pero amigos no, amigos ya no se hacen, no son rentables y bastante nos cuesta mantenerlos.

Lo que no se debe olvidar es lo que dice la RAE: ni se formaliza ni se llega al compromiso. (Qué fuerte que esto lo diga la Real Academia de la Lengua Española). Nunca. Y si al final terminas en horizontal, con su camiseta puesta al día siguiente, ya tienes los días contados. Sal corriendo o lo hará él, cruzar la frontera supone morir, antes o después, dejas de existir y él también; ya ni te hace cosquillas, ni estás esperando la próxima broma, ni el próximo extraño piropo. Así que cuidado con el “pajoteador”: no te encapriches, no sueñes, no le escribas borracha si él no lo hace, no te enamores, no canses, no presumas de él, no le confieses nada, no te preocupes por él porque saben cuidarse; no hagas confianza o serás más débil. Aprende a mantenerte en una línea regular. Existen y están ahí para tu conocimiento y disfrute, no hay nada más allá, no tengas visiones ni espejismos. Toca las palmas, y que te las toque, pero como si no hubiera mañana, que de mediocres está la cosa con exceso de cupo. Si la vida de verdad fuera una fiesta como dicen, necesitaríamos a muchos humanos dotados de este don. Reconócelos en cualquier lugar, ficha y practica el “pajoteo”; que cuando es de verdad, se convierte en arte puro.

A tod@s los que me han inspirado aunque sea una palabra de este texto.  Gracias a los que me siguen leyendo pese a tempestades mentales de este nivel.

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2 comentarios sobre “"PAJOTEO": Arte y Conocimiento

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  1. Todo un ensayo delicioso sobre el pajoteo, Ro.
    En voz baja, yo jamás hubiera asociado el pajoteo al flirteo o a todo lo que tú bien desgranas. Será que ahí en el este murciano almeriense estáis más lidiados con las palabras. Para mí pajoteo (y para muchos) tiene que ver con el onanismo (aunque prefiero la palabra de la 'j' que la refinada).
    Una pregunta al vuelo y un punto perra:

    ¿Hay pajoteadores mancos?

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  2. Jajajajaja!! HOla Tempero! un placer siempre encontrarte por este lugar flamenco desesfadado y con tintes irónicos que tengo montado. Pues yo no he conocido nunca a un pajoteador manco, creo que mis contactos tampoco, la próxima iremos a la busqueda y captura del manco, jeje, un abrazo perro!!

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