Siempre me ha gustado publicar a final de cada año, es como cerrar un círculo aquí también. Llevo tiempo queriendo compartir este texto que me salió de las entrañas, cuando Rafael Riqueni visitó la Cátedra de Flamencología de Córdoba hace un par de cursos, siendo yo alumna del mismo. Nunca está fuera de lugar escribir o publicar sobre este maestro, uno de los espejos donde mirar, y no solo donde mirar, más cosas. Cada uno sabrá. Así que me lanzo ha publicarlo para desearos una buena entrada de año, y como deseo siempre… intentando vivir valiente y llegando a tiempo a las citas importantes. La de Riqueni fue una cita importante… Aquí lo dejo:
Una de las clases más esperadas sin duda era ver al maestro Rafael Riqueni en la distancia corta, en la charla y a la guitarra. En la expresión y el gesto. En su humildad y su cercanía. De palabras justas y manos bendecidas. De la persona a la figura, del músico al genio.
Don Rafael es transitador de estados mentales y emocionales difíciles, de procesos complicados, de extenuante incertidumbre que afronta los momentos con cercanía y verdadera humanidad; el respeto y la admiración hacia un artista como él sobrepasa cualquier frontera que la vida le interponga en algunos puntos de su trayectoria. No deja de ser brillante, de ser romántico, de ser sublime.
Parco en palabras, coletillas estudiadas, respeto a los compañeros; el maestro intentó en este encuentro acercarse a los alumnos a través del director David Pino como hilo conductor, que lo encaminó a momentos musicales inolvidables mientras ambos recorrían su carrera discográfica.

Sin embargo ni una anécdota ni una vivencia sobre los artistas a los que acompañó, como Antonio Mairena, Fosforito, José Meneses, Enrique Morente o Lebrijano. Curioso. La diversidad de formas cantaoras a las que ha acompañado a las seis cuerdas y nada que decir sobre sus experiencias particulares con ellos, personalmente me hubiera gustado que compartiera algo más que palabras de cariño hacia ellos. Enseguida esto se entiende, lo de Riqueni no es hablar, ni narrar, ni dialogar; pero acércale una guitarra y la sensibilidad del mundo se despertará. Su toque es fluido, preciso, limpio y flamenco; quizá esto sea mucho más valioso que la vivencia junto a otros profesionales.
Su necesidad artística ha marcado cada uno de sus trabajos discográficos, el desasosiego de mostrar una guitarra plenamente desnuda y sensible en trabajos como “Herencia”, la propuesta arriesgada de “Juego de niños” o la nostalgia impresa en “Parque María Luisa” hacen que su obra sea un recorrido por su inquietud y su percepción del toque flamenco en distintas etapas.
Interesante su proceso creativo, el calentamiento diario con ejercicios, la composición de ideas y el dormir de esas composiciones que entre sueño y sueño van creciendo hasta llegar a ser un nuevo sentir, un nuevo tema. El maestro sevillano tampoco olvida de donde viene y como ha llegado hasta aquí, el Niño Miguel le marcó como diapasón en ciertos momentos; también Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar o Serranito; estandartes del toque flamenco y de la evolución de la guitarra tal como hoy la conocemos.
Sin profundizar demasiado en los temas que se les va exponiendo, salvo, cuando está el instrumento de por medio; Rafael Riqueni se demuestra cómodo y a favor de que los centros educativos incluyan la sonanta en sus programas de formación, un grito común expresado por la mayoría de sus coetáneos.
Una sesión que nos hace ver el sol después de la tormenta, la luz de un alma herida y la sensibilidad en un personaje frágil que se escuda en su guitarra para convertirse en artista inmortal.
Descubre más desde Flamencólica
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Deja un comentario