Del flamenco al barro: Mundial de Enduro

 Texto a petición de los colegas del enduro, del cross, del polvo y del gas… Y lo prometido es deuda. Estamos en paz.

Hace ya mas de ocho años de esto. Yo soy flamenca, y así me siento día a día, pero tengo otro lado que también hace ruido y me retumba casi a diario… el olor a gasolina y el polvo elevándose a nube cegadora de la Rambla de Nogalte, con espantosos ruidos de tubos de escape en motos de enduro y cross siempre me llamo la atención en un pueblo por el que han pasado dos mundiales, algún nacional y como no, los regionales. Igual que yo, muchos paisanos. Es una afición acentuada entre la gente de la zona. Y aunque no tenga nada que ver con el flamenco, es una parte de mi que se debe conocer para entenderme un poco mas. Lo cuento aquí, que no es el lugar, pero era necesario.

Era viernes por la tarde y yo llegaba a mi pueblo con la emoción de ensayar un par de bailes para hacerlos en la presentación de pilotos de la primera prueba de ese año del Mundial de Enduro. Aunque el año anterior se celebró una etapa del Nacional, este era el primer “grande” que se celebraba aquí y por eso he decidido escribir sobre este.

Sorpresa la mía encontrarme a Nani Roma subiendo al Paddock negro como el tizón y hasta con la marca de las gafas de sol en la cara, y yo de flamenca. Vaya momentazo. Ese año había ganado el Dakar. Fue el primero que me encontré. Mas arriba ya en pleno patio de motos estaban los demás, esa generación que enseñó y enseña a los que ahora llegan a esta disciplina: Miki Arpa, los hermanos Puigdemont, Farres, Coma, Isidre Esteve, Salminen, el desaparecido Mika Ahola, un joven Ivan Cervantes, el rebelde Arnau Vilanova… y todos esos campeones. Gente veterana y novata que traía la alegría y la experiencia a la prueba. La primera de toda la temporada.

Esa noche el pueblo se quedo sin cerveza. Literal. No había rastro de tercios, quintos ni barriles en ningún bar. Yo reía con las ocurrencias de esos moteros que traían aire fresco y un finde diferente a la rutina del lugar. Nos esperaban dos días de comer polvo o barro si llovía.

El sábado con toda la resaca había que ir a ver la carrera, ya no son como antes… todo era abierto, todo era natural, todo estaba permitido. Era salvaje pero profesional. Yo estaba en un control, viendo como llegaban a picar. Estaba lloviendo levemente, pero el barro enseguida se formó, llegaban como pelotas de tierra todos marrones. El favorito era Iván, y como quien dice, acababa de llegar a una prueba así. Todos estaban pendientes de él; fue la primera que Cervantes ganó en un Mundial de Enduro, allí delante mio se subía al cajón mas alto y lleno de ilusión levantaba las manos saludando. Una meta mas superada. Mirad donde ha llegado después de ese podio… Lleva cinco mundiales a sus espaldas. Y Vilanova pisándole los talones hizo segundo. Al día siguiente más.

El domingo fuimos a un tramo mas complicado, lloviendo sin parar, de barro hasta arriba con la lista de inscritos por dorsales plastificada para reconocerlos porque era imposible sino. Aquí ya no estábamos en un control sino al lado de una piedra enorme que algunos se comieron. Literal también. Nosotros íbamos con los españoles, claro esta… con los dakarianos, con los veteranos y con los mas jóvenes; y les ayudaban a sacar la moto si era necesario. De estas cosas no creo que nadie se escandalice, es algo normal.

Yo también la gané.

Terminó la prueba con dominio español por supuesto, todos contentos y felices, enhorabuena al Moto Club Nogalte que hizo un gran trabajo y una organización impecable. Recuerdo a los de Guernika, que vinieron a aprender, y que después hicieron un buen trabajo en su tierra.

Recuerdo mil anécdotas, pero no puedo contarlas todas… me faltaría espacio. Tan solo hago este pequeño recuerdo a lo que fue un Mundial de Enduro que marcó parte de mi vida, hubo otra carrera en paralelo más personal.

Lo que quería contaros es que aquel fin de semana fue especial para todos, aunque lo fuera mucho mas para mi. Que esa gente nos inundo de alegría y de color todo el pueblo, que el ambiente deportivo era una maravilla, que hay personas humanas y con mucha calidad ibérica en las carreras, dentro y fuera de ellas; y que las voy a recordar siempre… tanto yo como todos los de aquí, seguro. Nos dejaron la marca de sus roderas, de los neumáticos, de su olor, de su color, de sus miradas y una forma de ver el mundo. Que unos volvieron y otros no. No puedo escribirlo todo, solo sabed que el olor a gasolina me hace bailar por bulerías. Es inevitable.

Gracias a todos, por ser auténticos y por dejar que me vuelva una flamencólica con polvo en el pelo, con barro en los tacones y con un recuerdo naranja en el alma.

Y siempre, ante la duda… gasssssssssssssss.

Gracias por leerme, nos vemos en la próxima.

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